domingo, 28 de septiembre de 2008

UNA MANIFESTACIÓN JUSTA Y NECESARIA



Manifiesto

Y que el socialfascismo intenta ridiculizar, se enfada, luego cabalgamos...

miércoles, 24 de septiembre de 2008

ORIENTARSE EN TIEMPOS DE CRISIS

Ante el exceso de opinión.

Nota breve contra la mentira de la existencia de un libre mercado.

......la contradicción fundamental del pensamiento del libre mercado: a saber, que la creación de cualquier tipo de mercado verdaderamente a salvo de la intromisión gubernamental supone altísimos niveles de intervención gubernamental y un aumento de facto del poder central del gobierno. El libre mercado no crece de un modo natural; debe ser creado a través de firmes medidas intervencionistas: legislativas y de otro tipo.
.......Por último, hay que añadir que el Estado-nación continúa siendo hoy el único terreno concreto y el marco tangible de la lucha política.
Fredereic Jameson
Globalización y Estrategia Política


Si el libre mercado, ajeno a toda intervención política, no existe, tanto sus críticos como sus defensores ¿qué critican y defienden realmente?

Ver también aquí.

lunes, 22 de septiembre de 2008

NUEVO ATENTADO DE ETA

Lo decimos una vez más y cuantas hagan falta.

La PAZ es su derrota....y la de sus tóntos útiles, tontos y persistentes.


LEER Y DIFUNDIR


Artículo de Diego Guerrero CENSURADO en El País

Artículo de nuestro colaborador Diego Guerrero censurado por el diario socialdemócrata en lengua española EL PAÍS

Toda salida a una crisis de las típicas de un sistema económico cíclico como es el capitalismo resulta en una guerra entre numerosos Estados, y todo final de una guerra de esas características conlleva un nuevo orden... pero todo parece indicar que no será un orden socialista, al menos si se sigue con la relación de fuerzas actuales en el mundo, en el que, salvo China, no hay ningún gran Estado socialista materialista.


Nota Preliminar:
Este artículo que publicamos fue escrito por nuestro colaborador, el gran economista marxiano español Diego Guerrero, el 22 de agosto de este mismo año y mandado al diario socialdemócrata español EL PAÍS para su publicación. Debido a su contenido demoledor, que no casa bien con el mensaje positivista y progubernamental que desde los medios de PRISA se hace llegar a la ciudadanía (como fin del neoliberalismo y comienzo de una gran era de intervención económica típica del Estado de Bienestar socialdemócrata / demócratacristiano —o lo que es lo mismo, liberal-keynesiano—, el diario de la familia de Polanco decidió no publicarlo.


Esta es la carta de respuesta de El País a Guerrero:
----- Original Message -----
From: Redacción Opinión - Correo
To: diego.guerrero1@telefonica.net
Sent: Thursday, September 04, 2008 5:30 PM
A/A DIEGO GUERRERO
Ref. artículo «La crisis actual: de la geopolítica y la dinámica del sistema capitalista»
El Comité de Lectura que evalúa los artículos de opinión propuestos al diario EL PAÍS ha leído su artículo. Lamentamos comunicarle que, pese a su evidente interés, no nos va a resultar posible publicarlo debido al exceso de originales recibidos.
Le agradecemos mucho que haya pensado en EL PAÍS para la difusión de su artículo, del que puede usted disponer libremente. En cualquier caso, seguimos abiertos a sus futuras propuestas de colaboración.
Reciba cordiales saludos,
Sección de Opinión del Diario EL PAÍS


El Revolucionario ofrece el artículo íntegro para todos sus lectores:

La crisis actual: de la geopolítica a la dinámica del sistema capitalista


En un artículo aparecido en El País (22/08/2008), Sami Naïr atribuía el origen de la crisis económica actual al «liberalismo mundial», y en particular a la «ausencia de control de los flujos de capitales, la especulación salvaje y el sistema de bombeo, desde hace años, del ahorro mundial por parte de Estados Unidos». Mi diagnóstico es diferente: no se trata del «liberalismo» sino del capitalismo mismo, y no basta con criticar las «sacrosantas leyes del liberalismo» y las «recetas tradicionales del laissez faire liberal», sino que hay que profundizar en las auténticas causas de lo que está pasando (y tiene que pasar), para comprender que tampoco las medidas keynesianas de un capitalismo más intervencionista habrían podido evitar los problemas, ni servirán de mucho una vez que los propios liberales con responsabilidades de gobierno recurran a ellas en el futuro próximo.
Un ejemplo sencillo servirá para entender por qué. Supongamos que alguien que gana 1000 al mes necesita gastar 1200 este mes: nada más fácil, hoy en día, que pedir un crédito para cubrir esa diferencia. Pero supongamos que el crédito es a un mes de plazo, y que la renta de este individuo sigue siendo 1000 el mes próximo: es obvio que, tras pagar el crédito (incluso si olvidamos los intereses), sólo le quedarán 800 para gastar. Pues bien, algo así de simple es lo que le pasa a la economía mundial: tras el periodo, que ahora se acaba, en que gastábamos 1200, ¡nos llega la era de los 800! Una caída brutal de la capacidad de compra y por tanto del nivel de vida de la población, cuyos efectos pueden ir mucho más allá de lo económico y convertirse en una fuente de desestabilización política de consecuencias imprevisibles.
En mi opinión, el capital financiero hipertrofiado, tan característico hoy en día, no es sino consecuencia de la enorme masa de plusvalía que pulula por los mercados financieros y las bolsas mundiales sin posibilidad de fijarse en inversión productiva de ninguna clase, debido a que lo que hay en el subsector productivo es un exceso de capacidad. No es extraño que la expansión crediticia y burbujeante tenga que detenerse y estallar por el mero hecho de ser burbuja. Pero parece ahora muy posible que lo haga pronto, poniendo fin al periodo de lo que aparece en la superficie como el dislocamiento de dos subsectores de la economía, el capital productivo y el financiero, pero que no es realmente sino el derrumbe temporal de los pilares de la dinámica capitalista en su conjunto.
Porque la crisis financiera no es nunca independiente de la dinámica general de la crisis de sobreacumulación de capital productivo. Es verdad que una forma de retrasar los efectos del círculo vicioso que se desata al estallar esta crisis es detener la caída a corto plazo de la demanda mediante la expansión del crédito, pero esta expansión es al mismo tiempo la expansión de la deuda…, y, si la depresión es larga, el continuo crecimiento del crédito para contrarrestar una caída persistente de la demanda significa una acumulación de deuda que se convierte en una carga cada vez más pesada que pone en peligro la senda de crecimiento a largo plazo de la economía. Esto es lo que está ocurriendo.
Escribía ya en el año 2000 que «el exceso de capacidad productiva instalada por el capital mundial todavía no ha desaparecido y, por tanto, persiste la raíz del problema en tanto no se destruya dicho exceso (no el exceso de medios de producción, que es una expresión absurda, sino el exceso de medios de producción absurdamente convertidos en capital)». ¿Y qué podemos decir de lo que ha empezado a manifestarse de forma tan amenazante para toda la economía mundial en los años 2007 y 2008? Que estamos ante ese mismo problema, obviamente actualizado y aumentado.
Pensarán muchos lectores que exagero al hablar de derrumbe de la economía y de inestabilidad política mundial, y que hago un discurso catastrofista y alarmista. No sé qué dirán, entonces, cuando del diagnóstico pasemos a las posibles recetas. Pero lo cierto es que estoy convencido de que la única salida posible de esta situación de doble crisis (sobreacumulación de capital productivo e hipertrofia de la burbuja financiera) es la destrucción de capital. La última vez que el mundo se enfrentó a una situación así, esa crisis condujo nada menos que a la II Guerra Mundial, la cual, al destruir mano de obra sobrante (para el sistema) y grandes masas de «capital» físico, puso las bases (terribles, pero bases) de la onda expansiva del capitalismo mundial en la posguerra. Como escribiera más diplomáticamente el Nobel de economía James Tobin en Papeles de Economía Española (1986), «hace medio siglo, cuatro años de caída total de la actividad económica mundial provocaron un paro masivo. La mayor parte del mismo persistió durante los seis años de recuperación anteriores a la segunda guerra mundial. Fue la guerra mundial la que trajo consigo escasez de mano de obra y de todo lo demás».
Pues bien: del estancamiento relativo de los últimos 30 años aún no hemos salido. Y si hay alguna salida, seguramente estará cerca pero tendrá que producirse por medio de un estallido de consecuencias desastrosas para la situación económica y social de la mayoría de la población mundial. Lamentablemente, mucha gente, en especial muchos jóvenes, no tiene la menor idea de lo que por desgracia nos espera. Las ilusiones de quienes creen que lo malo de la historia pertenece al pasado pueden estallar tan estrepitosamente como la economía. No digo que la salida de esta onda depresiva tenga que conducir necesariamente a la III Guerra Mundial (aunque tampoco se puede descartar), pero hay otras muchas formas de destruir capital, sin necesidad de tirar bombas: el movimiento de las bolsas y los precios de ciertos activos inmobiliarios y financieros puede destruir capital con más rapidez aun que una bomba atómica.
Pero aunque la catástrofe esté a la vuelta de la esquina, ningún izquierdista o antiglobalizador debería hacerse ilusiones, porque seguramente esa bocacalle nos reconduzca a más capitalismo, quizás peor. El páramo de reflexión sobre lo que está pasando va a coger tan desprevenidos a tantos que, si el capitalismo es capaz de fabricar una nueva vía –aunque se convierta más tarde en otro callejón sin salida–, tendremos que recorrerla hasta el final porque seguramente no sabremos qué hacer para detener esa dinámica infernal. A menos que los cambios económicos, sociopolíticos e ideológicos que se avecinan no sirvan sólo para dar mucho trabajo a los historiadores y a los ideólogos de las próximas décadas…
En cualquier caso, que no lo dude el lector: no estamos ante una crisis que deba analizarse sólo en términos geopolíticos. Antes de repartir una tarta, la tarta existe como un todo. Es verdad que es muy importante saber por dónde van las cosas cuando se trata de comprender la política y la geoestrategia mundiales, las relaciones por ejemplo de Estados Unidos con China, la UE o el mundo árabe, o las muchas dimensiones de la injusticia que inflige el mundo imperial a sus antiguas colonias… Pero todo ello ocurre dentro de un sistema que forma un todo y cuya dinámica se genera, en mi opinión, previamente a, y por leyes distintas de, todas esas dinámicas parciales. Ya veremos cómo se desarrollan las cosas.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

IL CAVALIERE ZP


A la manera de Il Cavaliere italiano Berlusconi, Il Cavaliere español Rodríguez Zapatero inaugura un neopopulismo pospolítico que toma cuerpo y forma en torno al paternalismo, la adhesión y la emoción. Un neopopulismo que se expresa a través de una ideología gaseosa que apela a la autenticidad y a una nueva manera de entender y practicar la política que remueve y promueve los sentimientos y deseos del pueblo a través de un lenguaje -la paz, el talante, el diálogo, la solidaridad, la laicidad, la memoria histórica, la igualdad, el multiculturalismo, la Alianza de Civilizaciones o la España plural- que reduce la complejidad del presente a un discurso literalmente insignificante y repleto de tópicos. Un neopopulismo -sin sustancia, pero transmitido con gravedad y circunspección- que diseña una imagen de marca, dotada de un determinado aura, que se ofrece al ciudadano consumidor o no de política. Y el mérito de la imagen de marca ZP -un excelente trabajo de marketing, sí señor- consiste en haber captado el estado de ánimo -no sabemos si la naturaleza- de una sociedad indolora en que la persona es el mensaje.

¿Qué ofrecer a una sociedad indolora? Un pensamiento flácido -gaseoso, ligero, emotivo- que se construye -mejor sería decir que se diluye- gracias a una constelación de imágenes e ideas altamente reconfortantes y gratificantes que toman partido por las causas previamente ganadas como el diálogo, la paz, la tolerancia, la pluralidad, el medio ambiente, la igualdad o la diversidad. ¿Cómo vender este pensamiento flácido a una sociedad en que la persona es el mensaje? Diseñando, empaquetando y distribuyendo un candidato-mercancía que refleje las virtudes o intereses de un votante-consumidor que, al acudir al mercado electoral, otorgue el voto a quien percibe como su reflejo. El ciudadano elige al candidato, pero en realidad se elige a mí mismo.

Miquel Porta Perales

domingo, 7 de septiembre de 2008

TAMBIEN NOSOTROS NOS CISCAMOS....

Que lo disfruten.


Mi propio manifiesto (y II)

ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSemanal | 31 de Agosto de 2008

La semana pasada se acabó la página cuando les comentaba cómo ni el Gobierno central ni algunos gobiernos autonómicos garantizan el libre uso del castellano, o español, en la Administración, Sanidad o Educación de toda España. Franquismo al revés: antes era el español forzoso para todo, y ahora es la lengua local la obligatoria. Cuando los nacionalistas buscaban parcelita, la palabra bilingüismo era mágica: daban el alma por rotular también en catalán, gallego o vascuence. Ahora proclaman sin disimulo el ideal de una nación monolingüe, aunque no encaje en la realidad de la calle. Pese a que su mala fe es evidente, aún hay palmeros y cómplices afirmando que eso es progresista; y denunciarlo, resabio imperial. Y mientras tanto imbécil –en el más honrado de los casos– mira al tendido o lleva el botijo, cuatro golfos oportunistas han convertido las respectivas lenguas, valiosas herramientas culturales y de comunicación, en filtro sectario para excluir a los no afines y promocionar en el trabajo y la sociedad a su clientela exclusiva. Marginando la excelencia profesional a favor de la lingüística, como si contara más el idioma que la habilidad de quien opera con un bisturí. Tal es el sentido de la sobada cohesión social: hablar sólo una lengua propia como si la común, el español, no lo fuese. Empeño legítimo, por cierto, para un catalán, un vasco o un gallego nacionalistas; pero injusto para quien no lo es. En una España llena de naturales e inmigrantes que van de una autonomía a otra buscando trabajo, es un disparate negarles el único idioma que permite comunicarse en todo el territorio nacional –y también fuera de él– con soltura y libertad.

En esta canallada política nadie tiene la exclusiva. Los graves cantamañanas del Pepé, reunidos hace mes y pico en San Millán de la Cogolla para proclamar su apoyo a la lengua española, podían haberlo hecho con más eficacia y menos demagogia durante los ocho años que estuvieron en el poder. Entonces, la peña del amigo Ansar tragó de todo. Como tragará en el futuro, por mucho que ahora subscriba el manifiesto de la Lengua Común o el de la Lirio, la Lirio tiene, tiene una pena la Lirio. Así que, en mi opinión, Mariano Rajoy puede meterse la adhesión donde le quepa. Por culpa de tanto oportunista, al final siempre terminan vendiéndonos la lengua española como enfrentamiento entre derecha e izquierda; cuando, en realidad, los políticos de derechas tienen tanta desvergüenza como los de izquierdas. Es cosa del puerco y común oficio.

En cuanto a los que se llenan la boca de República o Guerra Civil, cuya realidad tanto manipulan, hay que recordarles que la mayor parte de quienes lucharon por esa República no lo hicieron para darles un cortijo con lengua propia a cuatro mangantes, sino para que una España de ciudadanos fuese más culta, libre y solidaria. Uno comprende que la derecha, con su desvergüenza innata, vaya y venga envuelta en toda clase de farfollas trompeteras. A fin de cuentas, su discurso es, a escala nacional, el que los nacionalistas mantienen a escala cutre. En cuanto a la izquierda, algunos llevamos treinta años preguntándonos qué pito toca en ese apoyo suicida al nacionalismo, que no fue de izquierdas nunca: situar ahí a Arzallus, Ibarretxe o Pujol es un desatino indecente. Como dijo Juan Marsé: «En la postguerra me putearon los padres y en la democracia sus hijos. Pero siempre me putearon los mismos».

Hay menos injusticia, afirmaba Montaigne, en que te roben en un bosque que en un lugar de asilo. Es más infame que te desvalijen quienes deben protegerte. Pensé en eso oyendo al presidente Zapatero referirse al Manifiesto de la Lengua Común, cuando expresó su esperanza de que la derecha «no se apropie del idioma español como hizo con la bandera». Todavía estoy dándole vueltas a si lo del presidente es candidez o cinismo. La derecha se apropió de la bandera española porque, desde la Transición, la izquierda se la regaló gratis, negándose a utilizarla hasta veintitantos años después: los mismos que ha tardado el Pesoe en pronunciar la palabra España. Y al final, entre unos y otros, han conseguido lo mismo que con la bandera. Lo que ya pasa en algunos colegios: que al niño que habla en español lo llamen facha.

Por eso me adherí al manifiesto. Confirma mi decisión el recular de los cobardes, el silencio de los corderos y el runrún de los tontos: los equidistantes que siempre acaban favoreciendo al verdugo. Me reafirma la furia de los caciques paletos y los escupitajos de mala fe de quienes tienen la osadía de llamar nostálgicos del franquismo, e incluso extrema derecha –lo han hecho consejerías de cultura autonómicas y miembros del Gobierno– a firmantes como Miguel Delibes, Carlos Castilla del Pino, José Manuel Sánchez Ron, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Margarita Salas, o yo mismo. Luego algunos se extrañan de que me cisque en su puta madre.