sábado, 26 de abril de 2008

AGRADECIMIENTOS


Una vez más mostramos nuestro agradecimiento a la generosidad de Izquierda Hispánica por el premio que nos concede.
Gracias.
Aprovechamos la ocasión y para reconocer con el mismo premio a las siguientes bitácoras.


Herencia Española

Beatriz, a martillazos de symploke materialista

El mito de la mundialización

viernes, 25 de abril de 2008

DESFACIENDO ENTUERTOS...

El materialismo histórico y la cuestión nacional



La tesis de la «España plurinacional» es una tesis idealista, incompatible con el materialismo histórico, al basar la condición nacional de los fragmentos simplemente en la «voluntad» de ser nación de sectores sociales totalmente reaccionarios.

En numerosas publicaciones digitales españolas ligadas a determinados grupos, asociaciones, partidos, &c. que se mueven, o dicen moverse, en las coordenadas del marxismo, del materialismo histórico o del comunismo, aparecen Euskal Herria o los Països Catalans como sociedades políticas realmente existentes, actuando, funcionando de hecho como referencias políticas positivas y ya en marcha.

España, sin embargo, como sociedad política nacional es generalmente concebida, desde esas mismas instancias, como una pura fantasía cuya unidad no es sino un reflejo ideológico, superficial –-superestructural— generado por la ideología que para muchos representa, sin duda, la quintaesencia de la política más reaccionaria: el nacional-catolicismo.

España es, por así decir, una emanación entre otras, pero muy significativa, de la voluntad de poder de las fuerzas de la derecha que, durante siglos, se supone han desplazado al «pueblo», al demos, de su protagonismo político. Con la «llegada de la democracia» a la Península (y para muchos aún por venir), la idea de España, esto es, España misma, debe desaparecer en virtud de la propia definición política de aquellos «pueblos» sojuzgados por ese nacional-catolicismo dominante, en buena medida atávico en la «piel de toro». España y democracia son, según estas coordenadas, dos ideas incompatibles, al ser aquella producto de las fuerzas sociales (oligárquicas, aristocráticas, autoritarias...) que impiden la realización de esta, que impiden la realización de una «verdadera democracia».

Esta perspectiva, la de la «España plurinacional», muy generalizada decimos en distintos ámbitos, y que curiosamente utiliza el materialismo histórico para justificarse, se acompasa además muy bien con la tesis (de corte anarquista) —y sin ver de nuevo en ello contradicción alguna— de la «opresión» que, procedente sobre todo del «Estado español» —aunque también del francés—, trata de poner freno o dificultar (centralismo, autoritarismo...) la «libre determinación» de aquellas naciones que, por lo demás, ya están a su vez en marcha. Son naciones libres (soberanas) pero, a su vez, encerradas, según una doble condición realmente ininteligible. Es más, «la democracia» vendría a resolver esta cuestión, la cuestión nacional, siempre que en efecto se implantase de un modo «completo», íntegro, se dice, y no deficitario.

Digamos que, desde este «comunismo», que en realidad es más bien su «enfermedad infantil», se parte de la evidencia de que tanto Euskal Herria, como Galiza, Catalunya, &c..., son naciones canónicas, y no fragmentos de una nación, y que, curiosamente, llevan siglos, en algunos casos hasta milenios, con «voluntad» de ejercer una soberanía que poseen «de derecho» pero que, sin embargo, invariablemente, les fue negada «de hecho».

Ahora bien, nos preguntamos desde el Grupo Promacos, ¿en dónde están las reliquias y los relatos de esa «nación milenaria» llamada Euskal Herria? ¿Es que Catalunya o Galiza hicieron ya la revolución, burguesa y a continuación comunista, ya durante la prehistoria y nadie se ha enterado? ¿Cómo es que Marx, Engels y Lenin, por ejemplo, no tuvieron en cuenta estas «referencias» tan «notables»?

Pues bien, desde el Grupo Promacos afirmamos y defendemos la incompatibilidad entre la idea de la «España plurinacional» y el materialismo histórico: la negación de España como nación política, afirmando la condición nacional de lo que no son sino fragmentos suyos («España plurinacional»), es una tesis idealista («idealismo histórico»), y que conduce, además, directamente a un secesionismo contrarrevolucionario (anticomunista).

Así, la tesis de la «España plurinacional» es una tesis idealista, incompatible con el materialismo histórico, al basar la condición nacional de los fragmentos simplemente en la «voluntad» de ser nación en algunos sectores sociales actuales (en sectores, por otra parte, bien reaccionarios).

El secesionismo al que conduce es, además, incompatible con el comunismo de Marx, desde el punto de vista de la praxis revolucionaria: por decirlo con Lenin, «los marxistas, como es natural, están en contra de la federación y la descentralización por el simple motivo de que el capitalismo exige para su desarrollo Estados que sean lo más extensos y centralizados posible» (Lenin, Notas críticas sobre el problema nacional, página 33, Editorial Progreso). Y el comunismo es un desarrollo de las contradicciones surgidas en el seno del capitalismo y que no supone en ningún momento la fragmentación disolvente del Estado burgués, sino su transformación revolucionaria conservando la unidad.

Concluimos, pues, la idea de una España fragmentada, o mejor, la idea de la condición nacional de los fragmentos de España es una tesis, y lo afirmamos ad hominem, completamente contraria al marxismo, esto es, idealista y contrarrevolucionaria.


El Revolucionario